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¿Por qué quieren tarificar el acceso a Internet las operadoras?

Fecha: 18 de septiembre de 2010

A las declaraciones del presidente de Telefónica Julio Linares en las jornadas de la UIMP de Santander sobre la necesidad de establecer un sistema de pagos en el acceso a Internet de forma que pagara más quien más la utilizara y con ello acabar con la tarifa plana, se han unido en las últimas dos semanas distintas declaraciones para abaratar e incluso hacer gratuito el acceso a Internet. De las más destacables comentaría la iniciativa del Grupo Popular en el Senado para hacer universal el derecho de acceso en fijo y móvil o las declaraciones de Sir Tim Berns-Lee para que el acceso a Internet sea gratuito, acompañadas de la resistencia de las operadoras a que las comunidades de vecinos compartan el acceso a Internet mediante WiFi (no entiendo muy bien que tipo de oposición se puede poner si alguien quiere dejar abierta su wifi para que acceda todo el bloque).

Opino que las operadoras están vislumbrando en un futuro no muy lejano la convergencia de todas las redes de comunicaciones hacia las redes de datos. Dando por hecho la desaparición en pocos años de las líneas de telefonía fija o su gratuidad para los casos donde se siga utilizando, y poniendo en entredicho la supervivencia de las lineas de telefonía móvil si se van imponiendo iniciativas con teléfonos duales wifi, wimax o algo similar, los ingresos a las operadoras les van a venir casi exclusivamente de las líneas de datos, que serán de primera necesidad en todos los hogares. Así que las líneas de datos se van a convertir en la nueva gallina de los huevos de oro para todas las operadoras, porque además no sólo van a llevar datos de Internet, sino que la telefonía, las videoconferencias (servicios con necesidades de transmisión de datos en tiempo real) y la televisión las van a utilizar igualmente. Si se hace tabla rasa con todo ese mercado y se fijan los precios, en el futuro las operadoras se medirán por número de clientes exclusivamente y perderán una parte importante de su potencial para ofrecer servicios estrella basados en conceptos de tarificación. Es decir, las operadoras pueden ver limitado su papel al de poner tuberías, pero no podrán controlar lo que va a través de las mismas, y el dinero va a estar en los servicios que vayan a través de esas tuberías.

¿De qué servicios estrella estamos hablando? De los que van a surgir de los modelos SaaS (Software As A Service), es decir paquetes ofimáticos online, juegos online, videoclubs online, etc. Si tenemos tarifas planas, esos servicios se van a poder prestar desde casi cualquier lugar. Si se tarifica el tráfico las condiciones empiezan a cambiar, se podrá cobrar por tipos de tráfico y se podrán ofrecer ciertos paquetes de aplicaciones o de canales de televisión con o sin tarificación adicional. Se me ocurren anuncios del tipo “utilice nuestro procesador de textos sin coste adicional en la tarificación del tráfico” o cosas así mientras que por otra parte de podrá penalizar el tráfico de servicios de la competencia.

Yo creo que la guerra no va a terminar ni siquiera con la iniciativa del Senado de esta semana, pero en cualquier caso, es necesario que el Gobierno y las instituciones se muestren sólidos por una vez para defender este cuasi-derecho.

20 DE SETIEMBRE
Epidemia de “pinchadores” en Paris

Durante el invierno de 1818 se abatió sobre París un nuevo tipo de epidemia: determinados individuos se dedicaban a punzar, con objetos puntiagudos, el trasero de las señoritas en edad de merecer. El primer caso se produjo en el jardín de las Tullerías: una damisela sentada en un banco sintió una fuerte punzada en el tafanario que le hizo perder el conocimiento. El autor, un hombre que aparentaba ser un militar retirado y lucía la cinta de la Legión de Honor, desapareció entre los recovecos vegetales del jardín. Pocos días mas tarde, una señora que paseaba en el Palais Royal del brazo de su marido, fue herida bajo la cadera izquierda con un estilete por un individuo que huyó poniendo pies en polvorosa. Los casos se sucedieron con una frecuencia cada vez mayor, tanto que esta “epidemia de pinchadores” se convirtió en un problema alarmante para las autoridades. Las jóvenes se negaban a salir solas de casa y las denuncias por “pinchazos” atestaban las dependencias de la Prefectura.

La policia ingenió una treta: contrató veinte señoritas que pasearían por las calles de París con lentitud y haciendo que sus movimientos fuesen lo más estimulantes posible de cara a atraer la atención de los “pinchadores”. Dos agentes de paisano las seguían a prudente distancia e intervendrían en caso de que los maniáticos hicieran su aparición. La experiencia, ingeniosa, no tuvo éxito, y al final de ocho días se renunció a ello.

Finalmente el 1 de febrero de 1820 el tribunal condenó a cinco años de prisión a Auguste-Marie Bizeul, sastre, de treinta y cinco años, acusado de haber pinchado a cuatro señoritas. Este escarmiento no consiguió que los demás pinchadores cejasen en sus actividades, que prosiguieron hasta 1821.

Y ahora el espíritu comercial: en 1819 algunos industriales intentaron aprovechar la inquietud general. M. Liebert, farmaceútico de la isla de San Luis, lanzó una pomada contra los “pinchazos” y un herrero urdió un protegenalgas de metal ligero, que se instalaba tal y como muestra el grabado.

Caricaturistas y letristas de canciones aprovecharon el tema de los “pinchadores” para sus composiciones… Tras algunos meses de angustia, París volvía a reir.

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